Autor: Sandro Centurión
¿Quién era ese tipo en el espejo? No, no eras vos, no podés ser vos. Esas arrugas no te pertenecen. No, no eras vos; no podés ser vos. Vos siempre usaste barba, ese es tu estilo. El tipo del espejo está recién afeitado, para disimular, para dejar de ser vos porque no lo soporta, ¿me entendés? Porque vos sos mejor que ese rostro avejentado y cobarde. El otro se sacó la barba y quedó al descubierto un rostro aplastado por los años. No podés ser vos, porque vos nunca necesitaste ninguna máscara. Además, no podés ser vos por el simple hecho de que no te sentís como ese tipo que apareció de pronto en el espejo.
¿Cuánto hacía que no te mirabas en un espejo? Que no te mirabas como lo hiciste hace un rato. ¿Y justo ahora tenía que ser?, en este motel de mala muerte, y justo en este momento que tenías cosas más importantes en que pensar te cae la ficha existencialista.
Tranquilo, vos no sos ese, no podés serlo. Los que te conocen realmente saben que no sos vos. Vos sos otro, un tipo de esos que sostienen el whisky en una mano y el cigarro en la otra, al que siempre le gustaron las mujeres caras, ¿verdad?, el que acostumbra tirarse todo en el casino por placer, por puro placer, porque podés hacerlo, porque no es tu plata y te da lo mismo.
Vos no sos ese viejo choto que apareció en el espejo, ese que se parece a tu viejo a esa edad. Vos te parecés más a tu vieja. Vos no sos ese viejo. Viejo es el viento, pero igual sigue soplando. Y vos sos un huracán. Nunca necesitaste de una pastillita azul y menos ahora que estás en tu mejor momento y nadie pero nadie te va a frenar. No, ahora ni vos mismo sos capaz de frenarte. Ni vos ni ese boludo con cara de cobarde que apareció en el espejo.
No te preocupes por ese tipo que viste en el espejo, ese no sos vos, Luis, dale nomás, si vos sos intocable y no vas a caer ahora que estás en tu mejor momento y a punto de dar el gran salto, no pensés más, relajate y disfrutá, reíte con ganas de la gente que pasa y te mira con cara asustada. Porque vos nunca tuviste miedo, demostralo ahora y movete así, despacito. Dejá que los miedosos se atropellen y se caigan, vos movete lento, sos una sombra, Luis.
Dale Luis, levantá la cabeza. No tenés nada de qué avergonzarte. Sos un gran tipo y ahora sí que vas por todo, ¿no? Drogas, mujeres, poder. En ese orden y todo junto. Qué más da. Este país da para eso y mucho más. Está hecho para gente como vos, que sabe lo que quiere y se la juega, que tiene huevos para hacer lo que los cobardes sin futuro no se animan. Porque vas de frente y marche preso. Así se hacen las cosas carajo. No con sensiblerías, eso es para maricones, como decía el viejo. Los machos, machos, tienen toda la guita que quieren, todas las mujeres que pueden y todos los huevos que entran en el calzoncillo. “Primero tienes el dinero, luego tienes el poder y luego tienes las mujeres”, decía Al Pacino en Caracortada, y vos sos como él, pero no vas a terminar como él, porque ese final es pura fantasía, hecho para que los giles no se aviven y se les ocurra dejar de trabajar y estudiar y de hacer todo lo que hace la gente común. Común, como uno, como uno cualquiera, no como vos porque vos sos único, la puta que te parió. Porque la realidad es otra, los Caracortada, los verdaderos Scarfaces no caen nunca y son los que gobiernan las vidas de los demás y los que se dan la gran vida con la guita de los otros. Vos sí que entendiste esa película y desde entonces supiste qué hacer y cuál era el camino y ahora estás acá, te dicen señor, tenés auto y tenés guita, qué importa que sea sucia, la guita no se mancha hubiera dicho el Diego, o mejor dicho sucia sirve igual; y vos tenés la guita y a las mejores mujeres de la ciudad mientras los giles se acuestan con la misma cara mal maquillada de siempre; que más querés. Dejate de joder Luis, qué importa que no hayas podido, debe haber sido culpa de ella que no supo motivarte. Y por eso te ofreció esa pastillita de mierda. Vos sos un león, siempre lo fuiste. No llores, Luis, el tipo en el espejo es un llorón, vos no. A lo mejor se te fue la mano, es cierto, pero así sos vos, impulsivo y medio atolondrado, pero si te joden nomás, si vos sos un tipo sensible. Y ella te jodió porque no se aguantó y se rió de tu desgracia. Fue una risa boluda pero cuando la viste a los ojos supiste que por dentro se te cagaba de la risa. Y entonces le pegaste y descargaste toda tu bronca contra la pobre, que le vamos a hacer. Cosas que pasan. Después, bueno, no ibas a salir corriendo, vos no sos así, no sos un cagón que sale corriendo cuando ve sangre. Siempre te hiciste cargo de tus macanas. Y una vez más demostraste que sabés como hacerlo porque pensás rápido y no andás con vueltas. Por eso le prendiste fuego a las sábanas roñosas y a las cortinitas de mierda. Y toda la habitación comenzó a arder y a llenarse de humo. ¡Reírse de vos, justamente de vos! Y enseguida el fuego se extendió por todas partes. Si vos no cogés, nadie lo hace. Y ahora hay tipos corriendo en calzoncillos y mujeres en tanga por todas partes tratando de que nadie se dé cuenta de que son ellos, ni tiempo tienen de mirarse en ningún espejo y ver lo ridículos que son. Ahora que hiciste arder ese motel como una antorcha olímpica, va a ser menos que un mal recuerdo. Ese lugar era una mugre. Nadie se va a quejar. Vos sabés que el dueño real es un capo-capo y le importa tres carajos este lugar. Además seguro que para cobrar el seguro van a decir que fue una fuga de gas o una falla eléctrica. Después de todo qué importa. Vos nunca estuviste, acá estuvo ese tipo del espejo, vos no, así que olvidate. Mostrale tu credencial al policía y seguí tu camino, Luis.